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Roquetas tiene un verano de postal y un invierno que no se parece al de ningún otro pueblo costero: aquí, cuando se van los turistas, queda una ciudad entera trabajando. Eso permite algo poco común en la costa, que es vivir los doce meses, pero obliga a tener dos versiones del mismo negocio.

El verano: gente que no sabe dónde está

En julio y agosto la clientela es de hotel y de apartamento. Busca en el móvil, a veces en un idioma que no es el tuyo, y decide en un minuto por la foto, el precio y la distancia. Lo que más convierte es lo más simple: fotos reales, precios visibles sin abrir un PDF y una línea que diga si llevas a domicilio hasta su urbanización o si tiene que venir a recoger.

Los horarios de esos meses no se parecen a nada: se cena tarde, se pide tardísimo y el domingo funciona como un viernes. Poder cambiarlos desde el móvil, semana a semana, es más útil que cualquier campaña de publicidad.

El invierno: la ciudad que se queda

De octubre a mayo el cliente es el vecino que trabaja en el campo o en los almacenes, con turnos que empiezan de madrugada y terminan a media tarde. Come antes, gasta menos por pedido y repite mucho más. Aquí gana la carta clara, la ración generosa y un pedido que se completa en tres toques sin registrarse.

Idiomas, con criterio

Aquí conviven muchas nacionalidades y no tiene sentido traducirlo todo. Con castellano e inglés cubres la mayor parte; el alemán suma en la zona hotelera y hay barrios donde el francés o el árabe te hacen más favor que cualquier otra cosa. Lo que debe estar en todos los idiomas que uses es lo que decide un pedido: qué llevas, cuánto cuesta, a qué hora y hasta dónde.

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Las preguntas que hacen los hosteleros de verdad

¿En qué idiomas debería estar?

Castellano e inglés como mínimo. Según tu zona, el alemán te abre el hotel y el francés o el árabe te abren el barrio. No hace falta traducir todo: con carta, horario y alérgenos basta.

¿Qué hago con la web en invierno?

Mantenerla viva. Aquí el invierno no está vacío: hay una población que trabaja todo el año. Cambia el horario y la carta si hace falta, pero nunca la escondas, porque el posicionamiento se pierde en semanas.

¿Cuánto cuesta?

0 € para empezar con una dirección en super-pizza.app y 19 € al mes con dominio propio y pedido online, sin comisión por pedido. El precio no cambia por ciudad.

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