Crear la página web de tu pizzería en La Laguna
La Laguna se rige por el curso académico. De septiembre a junio hay volumen, pedidos de grupo y cenas muy tardías; en julio y agosto la ciudad se queda a medio gas. Una web que no se pueda ajustar a esa curva obliga a trabajar todo el año con la configuración de un solo mes.
El público universitario pide de una manera concreta
Pide tarde, pide entre varios y pide desde el móvil, casi siempre con un presupuesto acordado antes de abrir la página. Eso premia tres cosas: que los precios se vean sin dar dos toques, que exista una opción para compartir y que el pedido se complete sin registro. Cada paso añadido en el proceso se paga en carritos abandonados.
También premia la sinceridad con los tiempos. Un viernes a las once de la noche, prometer veinte minutos y tardar cuarenta cuesta una reseña; decir cuarenta y cumplir, no cuesta nada.
El casco es bonito y difícil
Calles peatonales, aceras estrechas y portales antiguos hacen que la última parte del reparto se haga andando. Conviene escribirlo: en qué zonas el repartidor llama desde la esquina, dónde no puede aparcar y cuánto suma eso al tiempo. Es información poco lucida y evita casi todas las quejas.
Detalles que una web genérica se salta
El primero, la hora canaria: si el «abierto ahora» se calcula en hora peninsular apareces cerrado sesenta minutos antes de tiempo, y eso ocurre justo en la franja en la que más se pide. El segundo, el IGIC en lugar del IVA, para que el precio publicado sea exactamente el que se cobra.
Y el tercero, el nombre. Mucha gente escribe «La Laguna» y mucha escribe el nombre completo; que aparezcan los dos en tu portada cuesta una línea y te ahorra desaparecer de media búsqueda.
Tu página puede estar online antes del servicio de esta noche
Cinco minutos. Sin tarjeta. Y estás online.
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